EL PROYECTO BOLIVARIANO EN EL PENSAMIENTO DE LEOPOLDO ZEA

Posted by USO DE LA CONCIENCIA On viernes, 26 de marzo de 2010 0 comentarios

Uno de los principales rasgos de la actividad intelectual promovidos por Leopoldo Zea es su vocación latinoamericanista, particularmente por sus denodados esfuerzos intelectuales en promover la integración de los países del área. Naturalmente, este compromiso lo vino asumiendo como resultado de la profundización del conocimiento de nuestra historia, en particular al revisar el proceso de autognosis del pensamiento latinoamericano, por lo que de manera natural se topó con las ideas de Simón Bolívar, asumiéndolas desde edad temprana, a partir de la década de los años cuarenta.

De manera que su encuentro, conocimiento y promoción del proyecto bolivariano se observa ya en su libro Dos etapas del pensamiento latinoamericano publicado en 1949. En él se contiene incluso un apartado intitulado "El pensamiento bolivariano" donde delinea lo que será eje central en su obra intelectual pues sustentará: "El ideal de una de la cultura ibérica encontrará su mejor y más alta expresión en el pensamiento del libertador, Simón Bolívar (1783-1830)"[0] , de quien interpreta que la comunidad latinoamericana advendrá por la solidaridad entre pueblos y hombres iguales en derechos y obligaciones, forjando las bases para acceder a la construcción de una nación de naciones, pues interpretó: "Comunidad, no asociación, basada en la unidad de lo que tienen algo o mucho en común. La unidad para el logro o mantenimiento de la libertad y otros valores humanos no menos altos y nobles; no la asociación obligada para simplemente sobrevivir o imponerse".

Tal proceso de bolivarización lo continuó durante la década de los años cincuenta cuando da a la luz pública su obra América como conciencia donde menciona a Simón Bolívar como discípulo de Simón Rodríguez y apunta que la emancipación mental de España ha sido una preocupación de una pléyade de hispanoamericanos como: "Sarmiento, Alberdi y Echeverría en la Argentina; Varela y Luz y Caballero en Cuba; Bilbao y Lastarria en Chile; Montalvo en el Ecuador; Rodríguez en Venezuela; Mora, Altamirano y Ramírez en México, y muchos más en todos y cada uno de los nuevos países hispanoamericanos".

Sus intereses latinoamericanistas los consolidó en sus textos posteriores, así en América en la Historia, aparecida su primera edición en 1957, trata de escudriñar el sentido o relación de la historia americana con la historia del mundo. Esto es, buscará evidenciar la integración de nuestros países con el desarrollo histórico de los demás continentes. Así continuará forjando su latinoamericanismo integracionista al suscribir que Simón Bolívar "soñó también en una gran comunidad que, empezando por ser hispana, podrá llegar a ser, simple y puramente, humana... La meta, como todas las auténticas metas de los sueños de comunidad iberos, es la y la , no la ni el . Un ideal de comunidad soñado para todo el mundo que podría ser iniciado en América".

El bolivarismo de Leopoldo Zea se acrecentó con el paso de los años, como puede corroborarse en su libro Filosofía de la historia americana aparecida en México en 1978, donde ya no expone ideas del Libertador en breves apartados o incisos como ha ocurrido en obras anteriores, sino que le dedicará un capítulo enriqueciendo sus interpretaciones mencionadas, problematizando los obstáculos que Simón Bolívar mismo encontró en sus múltiples esfuerzos de concretar la unidad en la libertad y en la paz.

Quizá como respaldo a varios de los apuntamientos contenidos en dicho capítulo y por el proceso de construcción de América Latina como objeto de estudio promovido por varias instancias y organismos nacionales e internacionales fue que Leopoldo Zea se impuso la empresa de divulgar textos clásicos del pensamiento latinoamericano, los que inició con uno de Simón Bolívar. La masiva edición de los cien Cuadernos de Cultura Latinoamericana también condujo a que se editaran, al agotarse, en dos volúmenes. En la presentación, nuestro pensador reitera su vocación bolivariana al apuntar:

Los cuadernos de Latinoamérica se inician con la famosa Carta de Jamaica de Simón Bolívar (...) Un documento extraordinario que resume el ideario y los proyectos de liberación de la América del hombre que tomó como título el de Libertador... Desde Kingston, Jamaica, un 6 de septiembre de 1815 escribe esa Carta profética. Es el hombre que ha perdido las primeras batallas de esta lucha, pero no la esperanza por el logro de las metas que la Carta hace expresas. El 15 de febrero de 1819 ante el Congreso venezolano reunido en Angostura, el Bolívar triunfante pronuncia un discurso que completará el agudo análisis de esta América, hecho en la Carta, insistiendo en los sueños de unidad que espera podrán ser alcanzados..."

Por esta encomiable revaloración de la obra del Libertador es que algunos estudiosos de su obra señalan como un parte aguas el año de 1978 al suscribir que es cuando empezó sus más recientes formulaciones al contextualizar sus preocupaciones intelectuales en tres direcciones, una de las cuales sería reactivar el proyecto autóctono de Simón Bolívar para conseguir la integración en la libertad de los pueblos de América.

Así en el sesquicentenario de la muerte del Libertador Leopoldo Zea le dedicará reflexiones amplias en un libro ex profeso, y promoviendo diversos eventos mediante los cuales reanimó los estudios bolivarianos. En efecto, publicó en 1980 Simón Bolívar. Integración en la Libertad, cuyo subtítulo da cuenta de la preocupación esencial que recupera de las inquietudes del Libertador, pero reconoce que la trascendencia intelectual de éste abarca otras dimensiones al exponer:

El pensamiento de Simón Bolívar se planteó una serie de problemas que aquí resumo en los siguientes: el problema de la identidad ¿quiénes somos los hombres de esta América?; el problema de la dependencia, ¿por qué somos así?; el problema de la libertad, ¿podemos ser de otra manera? y el problema de la integración, ¿integrados en la dependencia, podemos integrarnos en la libertad?


Como se puede apreciar en esta bifurcación de problemáticas que Leopoldo Zea identifica en el pensamiento del Libertador, le adjudica en otros haber edificado los pilares de la génesis del pensamiento latinoamericano, para lo cual incluso ensaya la explicación de un modelo interpretativo cuestionador de los prototipos de héroes de la historia europea, como los casos de Alejandro Magno, César, Napoleón, todos ellos grandes conquistadores, trastocándolo con el caso de Bolívar al identificar como esencia de su misión la acción liberadora, no sojuzgadora ni constructora de imperios: "Bolívar es el héroe de los pueblos que entraron a la historia bajo el signo de la servidumbre y, como tal, no puede aspirar a imponer nuevas servidumbres. Pueblos que anhelan la libertad encontrando que ella es patrimonio esencial del hombre, de todo hombre... El título de Libertador es superior a todos los que ha recibido el orgullo humano..."
Según Leopoldo Zea la unidad es indispensable como medio de autodefensa para mantener la libertad, pero también la integración expresa la posibilidad de aprovechar la riqueza étnica de los pueblos latinoamericanos, a los cuales adiciona los planteamientos de que la educación será determinante para su concreción.
Todo ese conjunto de ideas en torno a la integración latinoamericana las extrae y expone con base en dos fuentes básicas, los documentos escritos por Simón Bolívar: Carta de Jamaica (1815) y Discurso de Angostura (1819), cuyos contenidos reiterará en toda explicación sobre las cuestiones de identidad, libertad e integración latinoamericana

En consecuencia, el bolivarismo de Leopoldo Zea tiene como apoyo la lectura reiterada de dichos escritos, mostrando con el conocimiento de la historia de las ideas latinoamericanas, la semilla producida por el Libertador, la que renacería una y otra vez, pues otros americanos insistirán en la necesidad de la integración como condición para garantizar la libertad. Así reconoce como integrantes de esa tradición emancipadora e integradora a Juan Bautista Alberdi, Justo Arosemena, José Artigas, Andrés Bello, Francisco Bilbao, Pedro Henríquez Ureña, Eugenio María de Hostos, José Ingenieros, José Carlos Mariátegui, José Martí, Francisco de Miranda, Juan Montalvo, Alfredo L. Palacios, Mariano Picón Salas, Alfonso Reyes, Darcy Ribeiro, José Enrique Rodó, César Augusto Sandino, Domingo Faustino Sarmiento, Justo Sierra, Manuel Ugarte, José Vasconcelos.

Por el reconocimiento de que "Bolívar sigue así cabalgando a lo largo de la historia y pueblos de esta América", Leopoldo Zea muestra la asunción de sus planteamientos incorporándose a la tradición integracionista del pensamiento latinoamericano, destacando y enriqueciendo aspectos según las circunstancias y condiciones del tiempo que le ha tocado vivir, la de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI.
En efecto, los rasgos de la integración que promueve no serán los de carácter económico o político, sino coherente con la tradición de la inteligencia latinoamericana, será la de tipo cultural. De modo que sus aportes los orientará por esta vía pues en 1978 clarificó: "La integración ahora por la vía de la educación y la cultura".

Tal alternativa la promueve en virtud de la comprensión de que la unidad política está mediatizada por diversos factores socioeconómicos que la han alejado como los casos del caudillaje, caciquismo, regionalismos, nacionalismo, localismo y las trasnacionales. O sea, que han incidido factores internos como externos por lo cual ha concluido que: "El proyecto libertador tendrá que reajustarse, que buscar otras vías de realización".

Habiendo ubicado en el ámbito de la cultura la integración latinoamericana permite mostrar que sigue fomentando la apreciación de que está inconclusa la emancipación de nuestros pueblos, en consecuencia ésta debe completarse y para ello le parece imprescindible vincularla con el estímulo y desarrollo de la cultura latinoamericana. Empresa donde su labor es indiscutible, como todo mundo en la república de las letras y algunos de la política latinoamericana lo reconoce e incluso la promueven.

Sólo así llena de contenido y actualiza el planteamiento bolivariano de que la unión es necesaria para lograr la regeneración, pues su base, la independencia política ha sido conseguida. La singularidad de la cultura latinoamericana estriba en el crisol de manifestaciones forjadas históricamente, lo cual la posibilita para aportar al mundo la experiencia y fruto del mestizaje. Literalmente sustenta al respecto: "Esta diversidad de origen será la que se plantee en problemas de integración de la región, al igual que las dificultades para definir la polarizada identidad del peculiar género humano".

Consecuentemente, posiciona a la cultura como mecanismo para trascender la incapacidad de los hombres y pueblos de nuestra América para integrarse en la libertad y promoverla. Por lo que Leopoldo Zea sigue manteniendo vivo el sueño de la integración en la libertad:

Lo que aquí se enaltece, es algo más importante, el fruto de la amistad, de la solidaridad en la búsqueda de una meta común. La amistad y solidaridad entre gente empeñada en situar su propia realidad nacional dentro del gran concierto que es Latinoamérica... Empeño por integrarse libremente, en la libertad para superar integraciones impuestas en esta nuestra región.


Claro que el proyecto de integración latinoamericana en la libertad actualizado por Leopoldo Zea tiene como eje articulador el proceso de descolonización, al articular un modelo autóctono, que se forje en la libre determinación de los pueblos de América. Promociona así un pensamiento autonomista.
Insiste en diversos trabajos que el proceso de liberación inicia con la conciencia de la dependencia, forjada por toda esa tradición de pensadores latinoamericanos que le han precedido y de quienes aprehende su preocupación libertaria, la cual recupera y sistematiza en el libro dedicado a Simón Bolívar donde dialectiza los distintos aspectos vinculados con la búsqueda de la integración latinoamericana en la libertad: mediante la solidaridad, la identificación de afanes comunes, la unidad de acción de hombres y pueblos, el diálogo, todo ello como requisitos para concretar la integración en la libertad y evitar la transformación de la libertad en anarquía, según el diagnóstico tempranamente él mismo.

Pero la integración en la libertad tiene fines prácticos destacables, por cierto insistentes en la obra de Zea. Así desde hace varias décadas ya esbozaba que el afán de independencia debe tener como horizonte el progreso y la paz de la humanidad: "Desde este punto de vista, teniendo a la unidad de los pueblos latinoamericanos como punto de partida para la unidad de las dos Américas y saltar después a la de todos los pueblos". O sea, la integración en la libertad tendría como corolario la construcción de un mundo verdaderamente humano, sería la aportación de la experiencia latinoamericana al confluir en las inquietudes y propósitos de las sociedades de las demás regiones del planeta, concluye nuestro pensador.

Pero, ¿quien es Leopoldo Zea?

Leopoldo Zea(México, 1912 -2004) Fue un Filósofo mexicano, Director del Centro de Estudios Latinoamericanos (1982-1995) y profesor de la UNAM, su principal inquietud fue el estudio de las ideas y de la realidad del hombre americano. De sus estudios sobre las ideas que se ofrecen al hombre mexicano y de las ideas en la América hispana, llega a la conclusión de que se puede hablar de una cultura específica hispanoamericana. Zea coincide con el existencialismo en la idea de que no existe una naturaleza humana inalterable, sino que el hombre es un ente temporal e histórico. Como tal, el hombre americano se expresa a través de diversas formas de cultura que es preciso evidenciar. Aunque son expresiones propias de un ser humano bajo determinadas circunstancias, esas expresiones son válidas para otros hombres que se encuentren en circunstancias parecidas. Entre sus obras destacan: El positivismo en México (1943), En torno a una filosofía americana (1946), La filosofía como compromiso (1952), América como conciencia (1953), La filosofía en México (1955), América en la historia (1957) y Latinoamérica en la formación de nuestro tiempo (1965).

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